El encuentro Yolpaki: Diez regiones, muchas voces, un solo corazón se ha convertido en una vitrina viva de los saberes productivos y la riqueza de la tierra veracruzana. Productores de café, canela, vainilla, pimienta y piña comparten con el público los procesos, tiempos y conocimientos que dan origen a estos cultivos emblemáticos del estado.
Productores comparten sus saberes en Yolpaki
Desde Zozocolco de Hidalgo, Guadalupe de Aquino García explicó que la pimienta se obtiene de un árbol que puede superar los cinco metros de altura. Su cultivo requiere paciencia: pueden pasar hasta seis años desde la siembra hasta que comienza a producir para su comercialización. La cosecha se realiza entre agosto y septiembre. Además del grano, la hoja también se aprovecha en la cocina, aunque su uso aún es poco conocido.
En el caso de la vainilla, Jorge Jiménez, productor de la región de Papantla, detalló que se trata de una planta enredadera cuyo proceso de transformación exige cuidados específicos tras la cosecha. “El corte se hace entre finales de noviembre y principios de diciembre, y después se le debe dar alrededor de 20 soles”, indicó. Lo que más busca la gente son los extractos macerados únicamente con agua, alcohol y vainilla. La vainilla también se transforma en perfumes, polvos y bebidas tradicionales.
Por su parte, Gilberto Ramírez Pérez, productor de canela, destacó que este cultivo llegó a Zozocolco de Hidalgo a través de un programa impulsado por la Universidad Veracruzana, y desde entonces se ha mantenido como una actividad que sustenta a diversas familias. La participación en espacios como Yolpaki, señaló, permite acercar estos productos a nuevos públicos y fortalecer su presencia más allá de sus comunidades de origen.
Desde Teocelo, José de Jesús Mora Hernández compartió que, a través de la Ruta del Café, se muestra a los visitantes el proceso completo del aromático, desde el cultivo de la planta hasta su preparación en taza. El objetivo es generar mayor conciencia sobre el trabajo que implica su producción y el valor de cada etapa.
A lo largo del encuentro, los asistentes no solo conocen los productos terminados, sino también las historias, técnicas y tiempos que hay detrás de cada uno. Es un ejercicio de intercambio que acerca el campo a la ciudad y pone en el centro el conocimiento tradicional como parte fundamental de la identidad veracruzana.

