En el verano de 1938, el filósofo español José Gaos, discípulo de Ortega y Gasset, llegó a Veracruz huyendo de la Guerra Civil. Formaba parte del primer grupo de intelectuales republicanos acogidos por México, un fenómeno que el propio Gaos denominó “transterrado”, en lugar de desterrado, para reflejar una travesía moral: el traslado de una patria herida a otra tierra donde continuar la vida en la misma lengua.
La llegada de los exiliados
Gaos partió de Valencia a bordo de un buque de la Compañía Trasatlántica Española después de que la Universidad Central de Madrid fuera asaltada por franquistas. Llevaba consigo una invitación de Lázaro Cárdenas y Alfonso Reyes para la Casa de España en México. Cruzó el Atlántico con la esperanza de regresar, pero México se convirtió en su estación definitiva. En el país enseñó, tradujo, escribió y acuñó el concepto de transterrado.
Posteriormente, más exiliados llegaron en los buques Sinaia, Ipanema y Mexique. No solo vivieron al amparo de México; contribuyeron con conocimiento y disciplina, construyendo instituciones y ensanchando la vida cultural y académica del país que los acogió.
El fin de las relaciones con la República
El 18 de marzo de 1977, el presidente José López Portillo sostuvo una entrevista con José Maldonado González, presidente de la República en el exilio, para poner fin a las relaciones que México había mantenido desde la época de Cárdenas. López Portillo describió la conversación como dolorosa y tremenda, y señaló que la precondición para normalizar relaciones con España era liquidar las relaciones con la República. Destacó la comprensión y humildad de los republicanos al aceptar la medida, aunque reconoció que generó una impresión de abandono.
Este episodio aceleró la idea que durante años había estado en el ánimo del periodista Manuel Buendía, cuyo centenario se conmemora este mes: un libro para dar a conocer la riqueza que llegó a México con los transterrados.
