El trastorno bipolar no define a las personas ni les impide estudiar, trabajar o crear arte. Así lo expusieron Tamara Cibrián Llanderal, investigadora del Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana (UV), y la cantante Samantha Beltrán Martínez durante el Foro C3 (Ciencia, Cultura y Creación), promovido por la Dirección General de Investigaciones de la UV en Xalapa, Veracruz.
En la charla Trastorno bipolar en clave musical, ambas coincidieron en que el tratamiento no representa un obstáculo para la creatividad, y que recibir tratamiento oportuno, contar con redes de apoyo y combatir los estigmas sociales son factores clave para mantener la salud mental y la calidad de vida.
La música como refugio
La actividad mezcló divulgación científica, experiencia personal y música en vivo. Las ponentes hablaron de los mitos alrededor del padecimiento y de la música como herramienta de expresión, acompañamiento y recuperación emocional.
Samantha Beltrán contó que, tras recibir el diagnóstico, investigó sobre otras personas con la misma condición. Identificó que muchos artistas han sido diagnosticados con trastorno bipolar y que existe la creencia de que tratarlo supone perder la creatividad.
En su caso, uno de los primeros signos que la llevaron a pedir ayuda fue no poder dormir durante varios días, a pesar de tener mucha energía y ser productiva. El diagnóstico psiquiátrico le costó aceptar en un primer momento por los prejuicios sobre la salud mental.
La música se convirtió en su refugio, relató la cantante. Escribir canciones le permitió procesar lo que atravesaba, expresar emociones, comprender su diagnóstico y después conectar con otras personas. Para ella, ese proceso no buscaba un fin artístico, sino que se convirtió en una vía de sanación.

