El padre Juan Beristain de los Santos, director de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa, afirmó que la construcción de la justicia y la paz social en México es un trabajo de todos y para todos, ante la violencia y la inseguridad que continúan en el país.
En su mensaje titulado “La paz social nace de la persona reconciliada y libre de violencia”, el presbítero oriundo de Tezonapa, Veracruz, sostuvo que no basta con estar dispuestos a trabajar juntos por la paz y la justicia.
Un llamado a la convivencia diaria
Beristain de los Santos indicó que hay que dejar que la paz y la justicia habiten dentro de cada bautizado y de cada ciudadano, para dar lo mejor de uno mismo en la convivencia diaria y en los espacios más sencillos.
Desde ese interior transformado, agregó, surgirá la fuerza y la convicción para construir juntos una sociedad justa y pacífica.
La parábola del banquete nupcial
El clérigo retomó el pasaje del Evangelio de San Mateo (22, 1-14) sobre el banquete nupcial, que describió como el banquete de la salvación y del amor ofrecido por Cristo, y las reacciones opuestas que provoca.
Señaló que los primeros invitados respondieron con indiferencia, fastidio, hostilidad y desprecio, y que esa fue la reacción que Jesús experimentó entre sus oyentes, quienes pusieron sus intereses por encima del Reino de Dios y de su justicia.
El mensaje para los mexicanos
Al llevar el mensaje bíblico al contexto actual, el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa afirmó que trabajar juntos, sin excluir a nadie, por la justicia y la paz social también resulta excesivo para muchos bautizados y ciudadanos mexicanos.
- Consideró que muchos creen que no se puede hacer mucho o dejan este trabajo en manos de unos pocos.
- Destacó que, en el relato evangélico, el ofrecimiento de la justicia y la paz no se apaga y resuena con más fuerza.
- Mencionó que al banquete llega un mundo de pobres, marginados y excluidos de los banquetes oficiales.
El presbítero concluyó con una súplica a María, Reina de la Paz, para que enseñe a vestir el traje de fiesta: un corazón reconciliado y libre de violencia.
