El hambre emocional responde a un intento del cerebro por usar la comida como un anestésico para aliviar emociones incómodas, explicó la nutrióloga Paola Michelle Juárez Dorantes durante una plática virtual coordinada por el Sistema de Atención Integral a la Salud de la Universidad Veracruzana (SAISUV).
La egresada de la Facultad de Nutrición de la UV presentó estrategias prácticas para controlar este impulso, entre ellas el método “Stop” y el plato equilibrado. La charla se tituló “Hambre real o hambre emocional”.
Juárez Dorantes subrayó la importancia del acompañamiento profesional para comprender y gestionar este tipo de conducta alimentaria.
Diferencias entre hambre fisiológica y emocional
La especialista indicó que el hambre fisiológica corresponde a un mecanismo mediante el cual el cuerpo solicita combustible para obtener energía y realizar sus actividades cotidianas.
Detalló que este proceso está regulado principalmente por dos hormonas en equilibrio homeostático: la grelina, que se libera cuando el estómago está vacío, y la leptina, que se activa al ingerir alimentos para enviar la señal de saciedad al cerebro.
En cambio, el hambre emocional se activa para obtener un chispazo de dopamina, conocida como la “hormona de la felicidad”, ante estados de aburrimiento, tristeza, estrés, cansancio o ansiedad.
Cómo se manifiesta cada tipo de hambre
- El hambre fisiológica aparece de forma gradual y cualquier alimento que aporte energía puede satisfacerla.
- El hambre emocional surge de manera repentina y específica, y exige alimentos como chocolates, cosas crujientes, saladas o harinas.
- La emocional suele dejar una sensación de culpa, pesadez o insatisfacción.
- Se activa por estímulos visuales u olfativos, como el olor a pan recién horneado, sin que exista una falta real de combustible.
Ante estos factores, la nutrióloga presentó una síntesis detallada sobre el hambre real y la forma en que puede confundirse debido a factores emocionales.

