En México, el desarrollo se explica a menudo con discursos fácilmente comprensibles: voluntad política, liderazgo o incluso ‘ocurrencias’ fortunadas. Sin embargo, la evidencia demuestra lo contrario: las transformaciones territoriales profundas no son producto del azar, sino de una planeación estratégica a largo plazo. Orizaba es un ejemplo de ello.
En el año 2010, un grupo de empresarios visionarios decidió apostar por algo poco común en el ámbito municipal: la construcción de un proyecto de gran visión, basado en datos científicos y con enfoque regional y horizonte de mediano y largo plazo. Para ello, convocaron a un equipo de académicos que coordinó Enfoque Veracruz, con el objetivo de diseñar una ruta clara para que Orizaba superara su histórica condición de municipio de perfil obrero y orientara sus esfuerzos hacia la explotación de sus ventajas comparativas y aprovechamiento de sus recursos naturales como lagunas, nacimientos de agua y cerros con árboles que garantizan la dotación de agua, frecuentes precipitaciones y clima agradable.
El desafío pendiente en Veracruz es administrar lo elegido: es necesario mantener una visión de largo plazo para que el proyecto de Orizaba sea un éxito duradero. Se requiere del gobierno local y las autoridades, un compromiso sincero con la planeación estratégica, un liderazgo firme y la colaboración activa de los ciudadanos.
