El bordado y el tejido pueden abrir espacios de encuentro y expresión para colectivos y familias de personas desaparecidas, sostuvo Rocío Guadalupe Vázquez Domínguez, egresada de la Especialización en Perspectiva Psicosocial en Atención a Víctimas de Desaparición de Personas que ofrece la Universidad Veracruzana (UV).
Con su proyecto “Bordando memoria, tejiendo resistencias: el arte textil en el acompañamiento psicosocial a familiares de personas desaparecidas”, la egresada exploró el potencial del bordado y el tejido para construir memoria, acompañar a colectivos y hacer visibles las demandas de verdad y justicia.
Una práctica resignificada
Para Vázquez Domínguez, estas técnicas tienen una historia ligada al ámbito doméstico y a las labores de cuidado realizadas por mujeres, pero en la actualidad han sido resignificadas como medio de denuncia frente a feminicidios y desapariciones.
Bordar los nombres de las personas ausentes tiene un valor simbólico: mantiene presente su historia y recuerda que detrás de cada nombre hay una familia que continúa en busca de respuestas. La egresada destacó que el tiempo invertido en cada puntada es una forma de resistencia, pues dedicar horas a elaborar un nombre implica un posicionamiento político.
Durante la marcha del 10 de mayo, acompañó a un colectivo y bordó dos nombres, experiencia que le permitió comprobar directamente esa dimensión del trabajo textil.
El bordado como espacio de acompañamiento
En su investigación, la egresada encontró que los actos de memoria son parte de los procesos de búsqueda de los colectivos. Tras años de acudir a instituciones y participar en búsquedas forenses y en vida, las familias hallan en la memoria una vía más para exigir justicia.
El trabajo colectivo con textiles es accesible, no requiere formación especializada y favorece el encuentro. Durante las jornadas de bordado, explicó, las conversaciones surgen de manera espontánea: se habla de los hijos, las instituciones, el dolor y las experiencias comunitarias. También hay silencios, y eso forma parte del proceso.
Para Vázquez Domínguez, el bordado puede facilitar la comunicación y permitir que las familias se sientan acompañadas sin que la intervención profesional se interponga como una barrera.

Fuente original: Universidad Veracruzana
