En el año 2000, la derrota electoral del PRI marcó el inicio de una transformación en el sistema político mexicano. Durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos del PAN, los gobernadores priistas aprovecharon la falta de control federal para consolidar su poder local. Figuras como Arturo Montiel, Tomás Yarrington y Melquiades Morales Flores construyeron auténticos feudos desde sus estados, con recursos y decisiones sin contrapesos.
El poder sin controles en la era panista
Entre 2000 y 2012, los gobernadores del PRI adquirieron un poder político y financiero sin precedentes. Fidel Herrera Beltrán en Veracruz, Roberto Borge Angulo en Quintana Roo y Enrique Peña Nieto en el Estado de México encabezaron enclaves donde se manejaban los recursos públicos a discreción y se sofocaba a adversarios internos. Varios establecieron pactos con el crimen organizado para preservar su control territorial y electoral.
Prácticas feudales en la Cuarta Transformación
Ahora, bajo los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo, algunos gobernadores de Morena han comenzado a asumir conductas similares. Concentran poder absoluto, adoptan formas de mando autoritarias y extienden su influencia sobre recursos federales. Se sienten protegidos por una impunidad que consideran difícil de tocar dentro de la llamada Cuarta Transformación.
Lecciones del pasado
El columnista Édgar Ávila advierte que estos gobernadores ignoran que sus antecesores pagaron facturas sociales, electorales e incluso legales por sus excesos. El poder absoluto genera una ilusión de invulnerabilidad que la realidad política termina por desmentir.