No existe una relación de pareja sin conflictos. Reconocerlos, dialogarlos y establecer límites sin recurrir al control ni a la violencia es la base de un vínculo sano, coincidieron especialistas y estudiantes durante el conversatorio “Cuando hablamos de una relación sana, ¿de qué hablamos realmente?”, realizado en la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana (UV), región Xalapa.
La actividad se llevó a cabo en el auditorio de esa entidad académica, en el marco de la Jornada de Promoción de la Salud Mental. Participaron Hazael Sotelo Navarro, profesor de la Facultad de Psicología; Eva Valencia Mirón, estudiante de la misma facultad; Ayleen Reyes Martínez, alumna de séptimo semestre de Antropología Histórica, y Mónica Trejo Sandoval, docente y colaboradora de la Coordinación de la Unidad de Género de la UV.
¿Qué se entiende por una relación sana?
Ayleen Reyes respondió que no hay una fórmula única, ya que depende del contexto y de cómo cada persona aprendió a vincularse en su entorno familiar y de amistad, más allá del ideal del amor romántico.
Mónica Trejo señaló que un vínculo saludable requiere autonomía de ambas partes, comunicación asertiva y un aporte mutuo al bienestar psicológico y emocional. Hazael Sotelo abordó la idea de la otredad: no se trata de modificar al otro ni de ser absorbido por él, sino de sostener una vida más amplia estando juntos que separados. Eva Valencia coincidió en que la horizontalidad y la autonomía son centrales, atravesadas también por el género.
El conflicto es inevitable; el control, no
Eva Valencia planteó que los desacuerdos son inevitables entre dos personas con historias distintas, pero pueden resolverse mediante la comunicación y el diálogo. Hazael Sotelo advirtió que la baja tolerancia a la frustración, alimentada por dinámicas como las redes sociales, dificulta aceptar la diferencia; el problema aparece cuando el conflicto deriva en control o coerción.
Mónica Trejo subrayó que evitar el conflicto también es riesgoso, pues una de las partes puede callar sus emociones o necesidades, lo que puede escalar hacia la violencia. Ayleen Reyes propuso revisar en qué momento y cómo se construye un conflicto, que muchas veces comienza cuando no se comunican los límites o las expectativas de la relación.
Límites, consentimiento y roles de género
Respecto a los límites, Mónica Trejo explicó que ponerlos exige autoconocimiento y que la falta de educación sexual integral dificulta reconocer lo que cada quien desea o no desea. Recordó que actuar sin consentimiento, aunque no medie una negativa explícita, ya constituye una transgresión.
Eva Valencia hizo una lectura crítica de ciertos discursos en redes sociales que romantizan la dificultad para comunicar límites con claridad. Hazael Sotelo propuso entender el límite como una medida que regula la participación en el vínculo, no como una herramienta de control, y advirtió que exigir un autoconocimiento total resulta injusto, pues implica un privilegio de acceso a la terapia y a la educación.
- No existe una fórmula única para una relación sana.
- El conflicto es inevitable; el riesgo aparece cuando deriva en control o coerción.
- Poner límites requiere autoconocimiento y no debe convertirse en control.
- Los roles binarios aprendidos culturalmente se reproducen incluso en relaciones no heterosexuales.
En el apartado sobre roles de género, Ayleen Reyes indicó que incluso en relaciones no heterosexuales se reproducen roles binarios aprendidos culturalmente, lo que puede convertir el vínculo en una actuación ajena a lo que cada persona es. Ayleen Reyes también planteó que la horizontalidad en los límites se complica en relaciones fuera del esquema heterosexual, por ejemplo entre mujeres lesbianas, donde no hay una figura masculina que reparta la autoridad.
Mónica Trejo añadió que estos roles y estereotipos se aprenden desde la familia y generan expectativas inconscientes sobre cómo debe comportarse cada integrante de la pareja.

Fuente original: Universidad Veracruzana
