Xalapa, Ver.- Durante más de tres décadas, el investigador Carlos Contreras Pérez ha analizado las estructuras cerebrales que participan en la regulación del miedo, el placer, la ansiedad y la depresión. Pertenece al Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y está asignado al Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana (UV).
Su trabajo lo ha llevado a proponer un cambio de enfoque para entender la depresión y la ansiedad patológica. De acuerdo con su planteamiento, ambos trastornos podrían estar vinculados, en gran medida, con procesos de neuroinflamación cerebral y no únicamente con alteraciones en los neurotransmisores.
Emociones normales y estados patológicos
El especialista subrayó que emociones como la alegría, la tristeza, el miedo y el duelo cumplen funciones esenciales para la supervivencia de las personas y de la especie. En cambio, la ansiedad y la depresión aparecen cuando esos mecanismos dejan de ser adaptativos y se convierten en procesos incapacitantes.
También insistió en desmitificar la depresión, pues no es un problema del alma ni de la voluntad. Dijo que el cerebro es un órgano como cualquier otro y que también puede enfermarse.
Qué revela la evidencia
Las regiones cerebrales involucradas en el miedo, el placer o la tristeza también intervienen en los trastornos de ansiedad y depresión, aunque con un comportamiento distinto. El estrés prolongado puede desencadenar una respuesta inflamatoria en esas regiones; cuando ese mecanismo pierde el equilibrio, deja de ser protector y contribuye al desarrollo de la enfermedad.
En su opinión, la neuroinflamación es el proceso central de la depresión y la ansiedad patológica. La evidencia acumulada por más de dos décadas, así como los síntomas depresivos aparecidos en pacientes tras la COVID-19, respaldan esa hipótesis.
Nuevos tratamientos
Desde esta perspectiva, el reto es encontrar medicamentos que controlen la inflamación en las áreas cerebrales que regulan las emociones. El especialista señaló que se necesitan desinflamatorios que actúen específicamente en el cerebro, ya que los antiinflamatorios convencionales no inciden en esos procesos.
El investigador aclaró que su planteamiento busca complementar el modelo clásico de los neurotransmisores, no reemplazarlo. Identificar nuevos blancos terapéuticos podría abrir la puerta a tratamientos más eficaces y de acción más rápida.
La revista World Journal of Psychiatry sumó a Contreras Pérez a su comité editorial por sus resultados y trayectoria.
