Agustín Basilio de la Vega, invitado por la Federación Mexicana de Colegios de Ingenieros Civiles, expresó su reconocimiento a los maestros que lo formaron en la Facultad de Ingeniería Civil. El evento se realizó en el marco del 50 aniversario de la facultad y durante la celebración del Día del Maestro.
Una carrera forjada desde la infancia
Basilio de la Vega recordó que su interés por la construcción nació en la infancia, cuando armaba castillos Exin y construía túneles en depósitos de arena. Durante la adolescencia, el modelismo estático le ayudó a acercarse a manuales de armado y pintura con precisión.
Cursó el bachillerato en el Instituto Francisco Xavier Alegre, donde inició en Humanidades pero concluyó en Exactas, atraído por las matemáticas. Posteriormente eligió Ingeniería Civil, una carrera que, según su padre, enseña a hacer cosas y transforma la realidad.
Agradecimiento a sus formadores
Tras obtener uno de los mejores promedios en el examen de admisión, ingresó al salón T-101 en 1983. Allí cursó geometría analítica, álgebra y física. Entre 1984 y 1989 realizó la licenciatura, recordando a maestros ya fallecidos como los ingenieros Pedro Enrique Morales, Enrique Álvarez Castilla, Lorenzo Galicia, Julio Labastida, José Alberto González y Catarino Morales; los arquitectos José Luis Murrieta y Arturo Servin; y el licenciado Carlos Valencia Carmona.
Destacó la enseñanza del ingeniero Pedro Enrique Morales, quien impartía laboratorio de materiales los sábados en sesiones de cuatro horas. Aunque en su momento le pareció pesado, tiempo después valoró ese esfuerzo cuando, como gerente técnico de una dosificadora de concreto, recurrió a esos apuntes para resolver sus primeras angustias profesionales.
Mencionó también a otros maestros que lo prepararon teóricamente, como los ingenieros Rafael Morales, David Hernández Santiago, Julio César Gómez, Oscar Lenz, Javier Méndez, Jesús Melgoza, Guillermo Hernández Viveros, Rafael Lozano, Antonio Pulido, Rafael Campillo, José Jiménez Terán, David Gómez, Miguel Ángel Vélez, Jesús García, Leopoldo Lara, el químico Pavón, el arquitecto Augusto Fernández y el licenciado Armando Servin. Destacó que todos eran cumplidos, no faltaban a clases y tenían paciencia.
En sus últimos semestres trabajó por las tardes en las constructoras Brisa SA de CV, CORESA SA de CV y Concretos Construcciones y Agregados SA de CV, donde se formó en la práctica con los ingenieros Carlos Nachón Aguirre, Carlos Nachón García, Arturo Servin Murrieta y López Paredes, así como el arquitecto Enrique Méndez Acosta. En 1989, junto con compañeros de la generación 84-88, fundó Ingeniería del Golfo de México SA de CV.
De sus amigos Antonio García de los Salmones y Guillermo Fox aprendió responsabilidad, solidaridad, trabajo en equipo y honestidad. Además, de forma autodidacta estudió principios de economía, comprendiendo que el ahorro es fundamento de la inversión y que la libertad de emprendimiento, el respeto a la propiedad privada y la competencia son motores del progreso.