La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026 representa un reto que va más allá de lo comercial. Se trata de una prueba de resistencia política, económica y diplomática para el gobierno mexicano, así como un examen sobre la estabilidad del país.
Más del 80 % de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, lo que significa que millones de empleos dependen directa o indirectamente de esa relación comercial. Sectores como la industria automotriz, el campo, las maquiladoras y las cadenas de suministro están conectados al tratado.
El riesgo de una larga incertidumbre
El calendario de la revisión ya está en marcha. Desde enero de 2026 comenzaron consultas técnicas y reuniones preliminares. La fecha decisiva será el 1 de julio de 2026, cuando los tres gobiernos deberán definir si el tratado se prolonga por otros 16 años. Si hay acuerdo, el T-MEC seguiría vigente hasta 2042. Pero si uno de los socios rechaza la renovación, comenzaría una etapa de revisiones anuales hasta 2036, lo que mantendría a inversionistas y mercados en tensión permanente.
Presión política desde Estados Unidos
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca endureció el discurso contra México. Migración, narcotráfico, seguridad fronteriza y competencia con China se mezclan con las discusiones comerciales. El T-MEC se ha convertido en un instrumento de presión política. Washington buscará imponer nuevas condiciones, como mayor control sobre las inversiones chinas en México, reglas de origen más estrictas para la industria automotriz y tensiones por la política energética mexicana, especialmente en torno a Pemex y Comisión Federal de Electricidad.
Debilidades internas de México
La percepción internacional sobre el Estado de derecho en México es otro factor clave. La reforma judicial impulsada recientemente ha generado dudas entre inversionistas extranjeros sobre la estabilidad legal del país. El gobierno de Claudia Sheinbaum deberá convencer a sus socios comerciales de que México sigue siendo confiable para invertir, a pesar del crecimiento económico débil, la inseguridad y los rezagos en infraestructura.
Oportunidad del nearshoring
México también cuenta con fortalezas. La relocalización industrial o nearshoring representa una oportunidad histórica. Muchas empresas buscan salir de Asia y acercarse al mercado estadounidense. Por su ubicación geográfica, mano de obra y capacidad manufacturera, México es un socio estratégico para Norteamérica. La apuesta del gobierno mexicano será convencer a Estados Unidos y Canadá de que una región integrada es más competitiva frente al crecimiento de China. Romper o debilitar el T-MEC afectaría también las cadenas productivas de ambos países.